Ser musulmán, no es ser árabe

El pasado viernes, la periodista Adela Úcar en su programa 21 días (aquel que anteriormente realizaba Samanta Villar) se adentro en la vida de los musulmanes en España. Su idea era vivir como una mujer musulmana siguiendo los preceptos del Corán y tratando de romper los  prejuicios y concepciones erróneas alrededor de esta religión.

El programa inicia con la familia Rostom, 9 hijos (ocho niñas y un niño) que forman parte de la clase media de Madrid. El padre, un casi ingeniero técnico de arquitectura; las hijas mayores una acabando medicina, la otra odontología.

La más mayor de ellas, unos 23 años, será la guía de la periodista en esto del entendimiento del islam. Será esta chica, Fátima, la que brinde al espectador una imagen de la mujer musulmana moderna, liberal y que se siente totalmente en “conexión con Dios”. Ella es divorciada porque su exmarido ” no tenía la mente suficientemente evolucionada y moderna como para entender que ella quería estudiar”. Además, habla repetidamente de la libertad de su religión y de la facilidad de seguir los preceptos establecidos si “verdaderamente eres musulmán”. Esta joven, estudia, conduce y se avergüenza de que la miren por la calle cuando viste su hiyab. El pañuelo que ella y sus hermanas defienden bajo el argumento de que “oculta su belleza y permite que la gente vea más allá y se fije en otras cosas”.

Lo que es cierto es que el islam es bastante intrusivo en el día a día de sus fieles y requiere una dedicación constante. La vida está regida por la religión que copa hasta las esferas políticas de los países musulmanes. Un poder que, a mi parecer, por suerte, otras religiones han perdido en la actual sociedad occidental.

Desde Europa, consideramos que ese intrusismo religioso no favorece la democracia de una vida libre. De hecho, la controversia sobre el uso del velo viene de esta idea.  Pero, para los musulmanes, es una filosofía de vida que han decidido libremente adoptar, o así lo expresan ellos.  Aún así, algunos de los preceptos del Corán (la palabra de Dios a través de Mahoma) pueden ser malinterpretados hasta extremos demasiado arcaicos: el sexo, la provocación sexual, la conducta moral, la alimentación y la guerra santa, entre ellos.

Sin embargo, cabe no olvidar que el catolicismo en su época de mayor fuerza en España también experimentó un control total de la sociedad y de la vida de sus fieles. La Inquisición es la institución que mejor refleja el poder eclesiástico y religioso de aquellos años.

El problema fundamental reside en la conexión directa que se hace de los musulmanes, los árabes, el terrorismo, los jeques y la discriminación sexual.

En primer lugar, ser árabe no está estrictamente ligado con ser musulmán. De hecho, el 80% de los musulmanes no es de lengua árabe y muchos árabes son de creencia  cristiana. Por supuesto, es inverosímil creer que todos los islámicos son terroristas, por mucho que la mayor parte de las guerras históricas se den en países de creencia musulmana. Ya que estos procesos bélicos vienen de problemas mucho más arraigados a la historia que a la religión, aunque es cierto que ambos conceptos van muy ligados.

El problema versa en los extremismos.  Cuando una idea, cultura o religión se lleva al extremo, considerando que es la verdad absoluta el ser humano pierde su capacidad de raciocinio. Dando paso así, al racismo y la incomprensión voluntaria. Tal y como le ocurrió a la familia Cunit, de Tarragona, una de las últimas que visita la periodista de Cuatro. Los padres y la hija fueron denunciados por coaccionar, calumniar y amenazar a una trabajadora social de origen marroquí que se negaba a ponerse el velo.

**Musulmán es la persona cuyo credo religioso es el islam. La palabra árabe muslim (مسلم), femenino muslima (مسلمة), significa ‘que se somete’, e implica la completa sumisión a la voluntad de Dios.

Así, un musulmán se esfuerza por rendir a las órdenes de Dios cada paso del camino. No hay distinción hecha entre la vida diaria, la religión y la política.

Países musulmanes:

En África están: Argelia, Benín, Burkina Faso, Camerún, Chad, Comores, Costa de Marfil, Yibuti, Egipto, Gabón, Gambia, Guinea-Bissau, Libia, Malí, Mauritania, Marruecos, Mozambique, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Togo, Túnez y Uganda. En América: Guyana y Surinam. En Europa: Turquía, Albania y Bosnia y Herzegovina. En Asia: Arabia Saudita, Azerbaiyán, Bahréin, Bangladesh, Brunéi, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irán, Iraq, Jordania, Kazajistán, Kuwait, Kirguistán, Líbano, Malasia, Maldivas, Omán, Pakistán, Qatar, Siria, Tayikistán, los Territorios Palestinos, Turkmenistán, Uzbekistán y Yemen.

 

**El árabe (antiguamente llamado arábigo, arabía2 o algarabía) es una macrolengua de la familia semítica, como el arameo, el hebreo, el acadio, el maltés y otras lenguas similares. Es la única lengua oficial en veinte países y cooficial en al menos otros seis, y una de las seis lenguas oficiales de la Organización de Naciones Unidas. Es también la lengua religiosa del islam.

 

Hablan árabe:

Arabia Saudita, Argelia, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Qatar Sahara Occidental, Siria, Sudán, Territorios Palestinos, Túnez, Yemen.

 

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