La nueva AssangeRevolution


En los años ochenta empezaban a difundirse pequeñas pantallas de ordenador que crearon las nuevas tecnologías en ordenadores portátiles. Actualmente, más de 20 millones de personas han accedido alguna vez a Internet desde sus hogares. Así, es imposible que pase desapercibido un nuevo modo de comunicación social que atañe sobre todo a los más jóvenes.

Ayer, El País publicaba una interesante reflexión en su habitual sección ‘La cuarta página’, “La vendetta de Assange”. Una explicación bien trabada del porqué de la importancia de un hombre inteligente, pero de aspecto insulso, para toda una generación que vive con la idea de que las nuevas tecnologías y más específicamente Internet, son la herramienta perfecta para favorecer un cambio sustancial en este mundo.

“La imagen de Assange en los medios, tras ser puesto en libertad condicional hace unas semanas, frente a las puertas neogóticas de la Corte Suprema de Londres, vestido de blanco y negro, erigiéndose sobre los micrófonos que se cruzan delante suyo y envuelto en una luz rojiza, evocaba claramente el cartel de V de vendetta en el que aparece V sobre fondo rojo con dos espadas cruzadas, alzándose sobre la efigie de Evey Hammond (Natalie Portman) y miles de ciudadanos anónimos tocados con la misma máscara”.

Esto explicaría el que el día de las publicaciones de la primera parte de los documentos secretos estadounidenses en el periódico español, seleccionado por el australiano, yo fuera la más excitada y nerviosa por leer su contenido. Mientras que mis compañeros de redacción se mostraban curiosos, pero sin ninguna emoción adicional. Para ellos era una filtración más. Tal vez, y en ello coincido con la técnica superior Olivia Muñoz-Rojas, escritora del texto reflexivo,  sea la fuerza de ese movimiento que envuelve a cantidad de jóvenes comprometidos, el ciberactivismo, el que hace que WikiLeaks no sean meras informaciones publicadas sin consentimiento.

Aquellos de mi generación, y generaciones posteriores, vemos en Internet una herramienta de cambio, ya sea mediante la publicación de informaciones o mediante la fuerza digital, tal y como lo hacen grupos como Anonymous. Es Internet y sus miles de posibilidades la mejor forma de buscar una alternativa a los actuales medios de comunicación o a las formas tradicionales de ver el mundo. Es por ello, que los jóvenes no vimos en los documentos de WikiLeaks simples informes sobre diplomacia o futuros problemas políticos, sino que vimos como la Red facilitaba a los ciudadanos, a funcionarios del Estado, desenmascarar aquellos movimientos no legítimos. Mediante el anonimato, mediante aplicaciones informáticas, mediante una conexión casi global y con un hombre en la cúspide que defenderá y verificará todas las informaciones: Assange.

“Al observar el fenómeno Assange que ha venido desarrollándose últimamente, parece que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo icono y estética revolucionaria. Da la sensación de que la sensibilidad iconográfica del momento ha hallado en la efigie de Julian Assange una poderosa imagen de la revolución de nuestro tiempo”.

Quizá no sea tan exagerado como aquí lo cuentan, no es Assange un líder de masas, a mi parecer, pero sí que ha llegado en el momento oportuno y ha sabido sacar partido a un mundo tan enrevesado como el digital.

Marx escribía en el Manifiesto Comunista de 1848:

“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial”.

En los inicios del siglo XXI, ese movimiento autónomo y mayoritario susceptible de transformarse y transformar el desarrollo social, son las multitudes inteligentes, término que acuña Howard Rheingold en su libro con el mismo título. Unas multitudes que encuentran su paradigma en la red y en las nuevas tecnlogías.

“[…] muchos de los protagonistas más jóvenes de un movimiento que lucha por un nuevo tipo de libertad de expresión y circulación de la información: es la generación que nació a primeros de los noventa. […] La dependencia tecnológica y un activismo (cabe preguntarse si de corte político) basado en la acción individual. Una acción que a menudo se da desde el relativo confort del dormitorio de la casa parental, un Starbucks o la biblioteca de la Universidad”.

“Assange le pone cara, no solo a Anonymous, sino a todo ese movimiento líquido, cibernético, en gestación, que necesitaba (en eso no es diferente a los movimientos tradicionales) un icono de carne y hueso. Sin entrar a valorar las implicaciones de Wikileaks, ni las dimensiones de este movimiento a cuya vanguardia está la generación de los noventa, Julian Assange, gracias a la estética que se está generando en torno a su persona, parece reunir suficientes atributos como para erigirse en icono revolucionario del siglo XXI”.

Quizás no comparto todas las ideas vertidas en el artículo del periódico, sobre todo, las que hablan sobre la estética o la edad de estos ciberactivistas, pero sí pienso que está empezando un nuevo modo de lucha social. Recordemos movimientos como los de Irán, o aún más actual, la lucha de Túnez contra Ben Ali que también se dio en Internet. E Incluso, también en España contra la polémica Ley Sinde, los internautas (tras el colectivo Anonymous) actuaron con medidas de presión a través de la red, con resultados no muy halagüeños y que aún están por ver.

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