19J: El pueblo vuelve a decir basta

“Los banqueros de la gran banquería del mundo, que practican el terrorismo del dinero, pueden más que los reyes y los mariscales y más que el propio Papa de Roma. Ellos jamás se ensucian las manos. No matan a nadie: se limitan a aplaudir el espectáculo.

Sus funcionarios, los tecnócratas internacionales, mandan en nuestros países: ellos no son presidentes, ni ministros, ni han sido votados en ninguna elección, pero deciden el nivel de los salarios y del gasto público, las inversiones y las desinversiones, los precios, los impuestos, los intereses, los subsidios, la hora de salida del sol y la frecuencia de las lluvias”.  (Eduardo Galeano. El Libro de los Abrazos)

¡Y Ya está bien!

La gente se ha cansado de esta profesión que les gobierna. Ayer, 19J, cerca de 80,000 personas llenaron las calles del centro de Valencia para mostrar su indignación, su desacuerdo con el Pacto del Euro, su capacidad crítica, su sentimiento.

Coger el metro y dirigirse a la parada de Colón era ayer domingo mirarse de reojo, sabiendo que el que se sentaba enfrente tuyo también guardaba en la bolsa una pancarta contra ellos, contra el poder. Era saber que el metro de Valencia un domingo a las seis de la tarde no suele ir tan lleno de gente. Era sentirte parte de algo. Algo que se notaba en cuanto pisabas la calle del centro de la ciudad. Las arengas a través de los megáfonos se dejaban oír bajo un Sol cegador que acaloraba a los allí presentes. La Plaça del Ajuntament, rebautizada por el Movimiento 15M como la Plaça del 15 de maig, era una fiesta de la indignación. Estaba repleta. Era batucada, pancartas, familias y gritos de desesperación contra un sistema que ha quebrado.

Fue una jornada para la esperanza. Pese a que los poderosos no se sientan aludidos.

No cabe manipular portadas de diarios, ni hacer baile de cifras. Muchos estuvieron allí y saben lo que es sentirse parte de algo. Ahora ya no se les puede engañar. De hecho, animaban a todos a unirse “Únete, a ti también te roban”, coreaban. Y es que el pueblo se ha cansado de ser el que paga los platos rotos de aquellos que se reparten las riquezas de todos.

La marcha caminó por las calles Guillén de Castro, Conde de Trenor y Pintor López hasta la Puerta de la Mar, desde donde se encaminó a su destino final, la sede de la Delegación del Gobierno de la calle Colón.

Hoy, muchos de los indignados han partido al epicentro del país para que su voz y sus pies sirvan como única herramienta de lucha. Para estar cara a cara con aquellos que siguen vistiendo sus trajes sin pudor.

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