Ya no soy periodista, soy comunicadora

Es lo que pasa cuando hay un cambio tecnológico tan repentino como el producido por las redes sociales. Admito que me encantan, que las he utilizado casi todas al menos una vez. Me parecen una gran herramienta de información e interconexión entre profesionales y no profesionales. Sin embargo, el licenciado en periodismo hoy en día tiene más papeletas para ocupar un puesto de community manager que de redactor o reportero. Ningún problema. Un perfil laboral más ¿no? No del todo.

El efecto twitter y otras redes sociales transforma al periodista/comunicador en un buscador de followers constante. Aumentar las visitas al perfil y por consecuencia a la página web asociada, posicionar a ésta en los búscadores.

Algo que solo fomenta la pérdida de motivación periodística. Ya no es que seamos periodistas digitales (algo que apoyo al máximo), sino que somos marketingadores (marketing+comunicadores. Suena muy mal, lo sé) y eso no es periodismo. Sí puede ser comunicación.

De esto se dio cuenta Kerry Lauerman, de Salon.com, como cuentan en el artículo de Yorokobu, ¿Periodismo al peso o de calidad?

“Las horas más bajas de esta estrategia, en opinión de Lauerman, llegaron cuando empezaron a asignar periodistas a buscar trending topics en Twitter y crear artículos que aprovecharan el efecto viral de estos”.

“El reto pendiente, admite Lauerman, está en resolver el modelo de negocio del periodismo digital que sigue sin estar claro.”

Por el momento, yo sigo especializándome en redes sociales y en departamentos de comunicación. Adaptarse o morir.

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It is what happens when there is a technological change so sudden like the produced by the social networks. I admit that I love social networks, that I have used almost all of them at least once. They are a big tool of information and interconnection between professionals and no professional. However, nowadays the graduate in journalism has more chances to occupy a place of community manager that of redactor or reporter. Any problem. A job profile more no? No really.

The twitter effect and other social networks transform the journalist/communicator in a constant searcher of followers. To Increase the visits to the profile and consequently to the web page associated, to position the web page on Internet searchers.

Something that only boosts the loss of journalistic motivation. No longer it is that we are digital journalists (something that I support totally), but we are marketingators (marketing+communicators. It sounds very bad, I know) and this is not journalism. Yes it can be communication.

Kerry Lauerman, of Salon.com, realized about that as it is explained in the article by Yorokobu, “Journalism , weight or quality?”

    “The lowest hours of this strategy, in opinion of Lauerman, arrived when they began to assign journalists to look for trending topics in Twitter and create articles that took advantage of the effect viral of these”.

“The pending challenge, admits Lauerman, is in resolving the model of business of the digital journalism that follows without being clear.”

By the moment, I follow specialising me in social networks and in departments of communication. Adapt or die.

 

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Crear un programa de radio

La tarea de poner una radio en marcha es ardua. Difiero así de algunos profesionales que hoy han participado en el Congreso “Perdiodistes i periodismes valencians en democràcia” (que se está celebrando esta semana en la Universitat de València), que afirmaban que “no hay nada más fácil que poner una radio en marcha. Licencia y a emitir”. Bueno, no es oro todo lo que reluce. Si bien es cierto, la radio es uno de los medios más cercanos y que quizá menos laboriosos sea.

Actualmente, estoy trabajando para la radio (aún por crear) de la Universitat de València. Sí. La Universitat no tenía una radio propia todavía (y eso que la carrera de periodismo cumple este año una décadas en las instalaciones de la universidad pública de Valencia). Así,  un equipo de buenos técnicos y algún que otro periodista, entre los que me encuentro, estamos intentado emitir a través de Internet. Con todo lo necesario en regla y con un apoyo total por parte de la institución.

En  primer lugar, no solo hay que tener en cuenta los aspectos técnicos, sino también los vericuetos legales. Por ejemplo, la música que se va a utilizar.  Deberemos pagar derechos de autor o, por el contrario, nutrirnos de aquellos grupos que ofrecen a través de la red su obra gratuitamente. Por el momento, ya he establecido contacto con algunas bandas que me han dicho que no hay ningún problema en que utilice su música. Eso sí, nombrándoles. Otro de mis compañeros también está dialogando con los servicios legales de la Universitat para ver que más podemos hacer.

En segundo lugar, es necesario tener temas de nevera. Temas ya creados que nos permitan rellenar algunos huecos de emisión, sobre todo, en los comienzos, cuando el equipo aún no está forjado. Así, que vamos haciendo pequeños reportajes y cubriendo eventos.  ¿El problema? Hay que crear contenido de emisión directa como sea. Pero, no cualquier contenido, sino uno que favorezca una emisión fluida, diversa e interesante.

Y aquí viene el asunto, ahora estoy embarcada en crear un programa radiofónico original; dentro de lo que las radios y televisiones universitarias nos tienen acostumbrados. Para ello, y con el fin de sembrar ideas en mi cabeza, un buen compañero me ha enviado diversos proyectos de radio o televisión que rompen con lo tradicional.  Él, pese a que estudió la carrera de Música, es un gran experto en sociología y le agradezco su aportación. Y es que la clave es una buena idea y la inspiración es fundamental.

De entre todo, esta propuesta me atrae mucho. Pese a ser de televisión creo podría adecuarse a la radio. Es un formato de la plataforma audiovisual en Internet www.literalia.tv.El programa se llama “En Jaque”. El argumento, dos invitados se entrevistan de manera coloquial a ellos mismos. Por su puesto, dos invitados que se conocen con anterioridad o que tienen algún aspecto común tanto laboral, como de intereses. Se me ocurriría ir agrupando,por parejas, a los diferentes profesores o catedráticos de la universidad. No sé que saldría de ellos, quizá fuera divertido e interesante.

El amigo del que os hablo también me pone como ejemplo “Tiempo de Juego“, el antiguo “El Carrusel“, trasladado de la Cadena Ser a la Cope por divergencias entre su director Paco González y la cadena. Tengo que confesar que los programas deportivos no suelen atraerme, pero es cierto que este equipo de profesionales saben como enganchar, incluso a mí. No es sólo deporte o retransmisiones, hacen sentir al oyente como dentro de un grupo de amigos que bromean, comentan e informan. Pero, no sé como funcionaría algo así dentro de un programa universitario. Además, en mi opinión es una fórmula muy desgastada ya.

Sin embargo, y pese a todas las ideas que se me han ofrecido, creo que  la creatividad propia es esencial. Eso sí, si se os ocurre algo… ¡hacédmelo saber! 😉

La nueva AssangeRevolution


En los años ochenta empezaban a difundirse pequeñas pantallas de ordenador que crearon las nuevas tecnologías en ordenadores portátiles. Actualmente, más de 20 millones de personas han accedido alguna vez a Internet desde sus hogares. Así, es imposible que pase desapercibido un nuevo modo de comunicación social que atañe sobre todo a los más jóvenes.

Ayer, El País publicaba una interesante reflexión en su habitual sección ‘La cuarta página’, “La vendetta de Assange”. Una explicación bien trabada del porqué de la importancia de un hombre inteligente, pero de aspecto insulso, para toda una generación que vive con la idea de que las nuevas tecnologías y más específicamente Internet, son la herramienta perfecta para favorecer un cambio sustancial en este mundo.

“La imagen de Assange en los medios, tras ser puesto en libertad condicional hace unas semanas, frente a las puertas neogóticas de la Corte Suprema de Londres, vestido de blanco y negro, erigiéndose sobre los micrófonos que se cruzan delante suyo y envuelto en una luz rojiza, evocaba claramente el cartel de V de vendetta en el que aparece V sobre fondo rojo con dos espadas cruzadas, alzándose sobre la efigie de Evey Hammond (Natalie Portman) y miles de ciudadanos anónimos tocados con la misma máscara”.

Esto explicaría el que el día de las publicaciones de la primera parte de los documentos secretos estadounidenses en el periódico español, seleccionado por el australiano, yo fuera la más excitada y nerviosa por leer su contenido. Mientras que mis compañeros de redacción se mostraban curiosos, pero sin ninguna emoción adicional. Para ellos era una filtración más. Tal vez, y en ello coincido con la técnica superior Olivia Muñoz-Rojas, escritora del texto reflexivo,  sea la fuerza de ese movimiento que envuelve a cantidad de jóvenes comprometidos, el ciberactivismo, el que hace que WikiLeaks no sean meras informaciones publicadas sin consentimiento.

Aquellos de mi generación, y generaciones posteriores, vemos en Internet una herramienta de cambio, ya sea mediante la publicación de informaciones o mediante la fuerza digital, tal y como lo hacen grupos como Anonymous. Es Internet y sus miles de posibilidades la mejor forma de buscar una alternativa a los actuales medios de comunicación o a las formas tradicionales de ver el mundo. Es por ello, que los jóvenes no vimos en los documentos de WikiLeaks simples informes sobre diplomacia o futuros problemas políticos, sino que vimos como la Red facilitaba a los ciudadanos, a funcionarios del Estado, desenmascarar aquellos movimientos no legítimos. Mediante el anonimato, mediante aplicaciones informáticas, mediante una conexión casi global y con un hombre en la cúspide que defenderá y verificará todas las informaciones: Assange.

“Al observar el fenómeno Assange que ha venido desarrollándose últimamente, parece que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo icono y estética revolucionaria. Da la sensación de que la sensibilidad iconográfica del momento ha hallado en la efigie de Julian Assange una poderosa imagen de la revolución de nuestro tiempo”.

Quizá no sea tan exagerado como aquí lo cuentan, no es Assange un líder de masas, a mi parecer, pero sí que ha llegado en el momento oportuno y ha sabido sacar partido a un mundo tan enrevesado como el digital.

Marx escribía en el Manifiesto Comunista de 1848:

“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial”.

En los inicios del siglo XXI, ese movimiento autónomo y mayoritario susceptible de transformarse y transformar el desarrollo social, son las multitudes inteligentes, término que acuña Howard Rheingold en su libro con el mismo título. Unas multitudes que encuentran su paradigma en la red y en las nuevas tecnlogías.

“[…] muchos de los protagonistas más jóvenes de un movimiento que lucha por un nuevo tipo de libertad de expresión y circulación de la información: es la generación que nació a primeros de los noventa. […] La dependencia tecnológica y un activismo (cabe preguntarse si de corte político) basado en la acción individual. Una acción que a menudo se da desde el relativo confort del dormitorio de la casa parental, un Starbucks o la biblioteca de la Universidad”.

“Assange le pone cara, no solo a Anonymous, sino a todo ese movimiento líquido, cibernético, en gestación, que necesitaba (en eso no es diferente a los movimientos tradicionales) un icono de carne y hueso. Sin entrar a valorar las implicaciones de Wikileaks, ni las dimensiones de este movimiento a cuya vanguardia está la generación de los noventa, Julian Assange, gracias a la estética que se está generando en torno a su persona, parece reunir suficientes atributos como para erigirse en icono revolucionario del siglo XXI”.

Quizás no comparto todas las ideas vertidas en el artículo del periódico, sobre todo, las que hablan sobre la estética o la edad de estos ciberactivistas, pero sí pienso que está empezando un nuevo modo de lucha social. Recordemos movimientos como los de Irán, o aún más actual, la lucha de Túnez contra Ben Ali que también se dio en Internet. E Incluso, también en España contra la polémica Ley Sinde, los internautas (tras el colectivo Anonymous) actuaron con medidas de presión a través de la red, con resultados no muy halagüeños y que aún están por ver.

Project about digital culture

Here you have the video I did while I was in my study year in Bergen (Norway). It was in a Digital culture course. The new digital stuff is very important for Norwegians and here you have an example: the remix culture.

What is it? Why is important?

The important feature of remix culture is that implies a dialogue or a exchange between people and it shows the technology as a new way of information, of communication. As Don Joyce says in his text ‘Vapor Music’: ”Internet users are participants in a new arena, able to interact with pure ideas and information and able to add their own into mix, uninterrupted by ulterior motives and uncluttered with deals or conditions. The Net has created the impression that culture is a function rather than a product” and remix culture is taking advantage of it.