Lo que no nos enseñaron en la universidad

Mientras alumnos y alumnas de periodismo siguen aprendiendo una forma de hacer información caduca, la realidad muestra alternativas donde los profesionales tienen la palabra.

En el aula es fácil oír hablar de la importancia de los medios. Enseñan la conocida teoría de la Agenda Settting. El poder que televisión, radio y prensa tienen en marcar los temas sobre los que la opinión pública hablará. También explican la estrecha relación entre periodistas y políticos. Necesaría, dicen, para que la persona profesional de los medios controle al poder. Y, por último, acribillan al alumnado con los sagrados criterios de noticiabilidad.

Según avanza la carrera universitaria, el tema se torna agrio. Se habla de las empresas periodísticas. De la importancia de la publicidad y la influencia que tiene en los temas. Pero no solo eso, sino que se explica, sin gran preocupación, el uso de la propaganda política, la manipulación de las encuestas  y los estudios electorales. Se critica, se muestra la mala praxis periodística y se convence al alumno que no hay nada que hacer. Como mucho se explica la teoría de las grietas, esa que confía en la existencia de espacios no controlados por un editor. Es decir, un poder mínimo para que el y la periodista puedan colar temas de interés social. Y funciona. Es algo positivo, sí; pero es una alternativa muy pobre.

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AmnesTEA&Tuits

La jornada que  Amnistia Internacional Catalunya va celebrar amb la periodista Dima Khatib explicada per Laura Balagué (@laurabalgue) al TotsxTots de ComRàdio:

http://www.comradio.com/audio/27728/play

Aquí l’entrada al blog que ha fet de la trobada la periodista Lali Sandiumenge(@LaliSandi):

http://blogs.lavanguardia.com/guerreros-del-teclado/2012/07/10/antes-de-tunez-no-sabia-ni-que-era-un-blog/

Ya no soy periodista, soy comunicadora

Es lo que pasa cuando hay un cambio tecnológico tan repentino como el producido por las redes sociales. Admito que me encantan, que las he utilizado casi todas al menos una vez. Me parecen una gran herramienta de información e interconexión entre profesionales y no profesionales. Sin embargo, el licenciado en periodismo hoy en día tiene más papeletas para ocupar un puesto de community manager que de redactor o reportero. Ningún problema. Un perfil laboral más ¿no? No del todo.

El efecto twitter y otras redes sociales transforma al periodista/comunicador en un buscador de followers constante. Aumentar las visitas al perfil y por consecuencia a la página web asociada, posicionar a ésta en los búscadores.

Algo que solo fomenta la pérdida de motivación periodística. Ya no es que seamos periodistas digitales (algo que apoyo al máximo), sino que somos marketingadores (marketing+comunicadores. Suena muy mal, lo sé) y eso no es periodismo. Sí puede ser comunicación.

De esto se dio cuenta Kerry Lauerman, de Salon.com, como cuentan en el artículo de Yorokobu, ¿Periodismo al peso o de calidad?

“Las horas más bajas de esta estrategia, en opinión de Lauerman, llegaron cuando empezaron a asignar periodistas a buscar trending topics en Twitter y crear artículos que aprovecharan el efecto viral de estos”.

“El reto pendiente, admite Lauerman, está en resolver el modelo de negocio del periodismo digital que sigue sin estar claro.”

Por el momento, yo sigo especializándome en redes sociales y en departamentos de comunicación. Adaptarse o morir.

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It is what happens when there is a technological change so sudden like the produced by the social networks. I admit that I love social networks, that I have used almost all of them at least once. They are a big tool of information and interconnection between professionals and no professional. However, nowadays the graduate in journalism has more chances to occupy a place of community manager that of redactor or reporter. Any problem. A job profile more no? No really.

The twitter effect and other social networks transform the journalist/communicator in a constant searcher of followers. To Increase the visits to the profile and consequently to the web page associated, to position the web page on Internet searchers.

Something that only boosts the loss of journalistic motivation. No longer it is that we are digital journalists (something that I support totally), but we are marketingators (marketing+communicators. It sounds very bad, I know) and this is not journalism. Yes it can be communication.

Kerry Lauerman, of Salon.com, realized about that as it is explained in the article by Yorokobu, “Journalism , weight or quality?”

    “The lowest hours of this strategy, in opinion of Lauerman, arrived when they began to assign journalists to look for trending topics in Twitter and create articles that took advantage of the effect viral of these”.

“The pending challenge, admits Lauerman, is in resolving the model of business of the digital journalism that follows without being clear.”

By the moment, I follow specialising me in social networks and in departments of communication. Adapt or die.

 

Comunicación y Cooperación en el mediterráneo

Mi presentación al Postgrado en Barcelona:

Estudié periodismo con la ilusión de ‘cambiar el mundo’. Tras trabajar en varias redacciones, la decepción es frustrante. El periodista se ha convertido en un vasallo de la empresa comunicativa.

Mi profesión me brinda la oportunidad de mostrar la realidad social, de acercar a los demás aquello que les parece lejano. Es lo que pretendo. Utilizar el periodismo de forma positiva y sobre todo especializarme en un tema que de verdad me llene, que me motive.

La unión con el Mediterráneo es evidente, puesto que la costa este española es, por supuesto, mediterránea. Por otra parte,  la cooperación internacional ofrece la opción de oportunidades únicas y gratificantes.

He estudiado en Noruega, me apasionan los idiomas y mi intención no es solo contar lo que ocurre, sino informar y acercar el hecho. Investigarlo, analizarlo. Y lo más importante: aprender. Aprender mucho.

Timothy Garton Ash, Catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, escribío hace ya unos meses en el periódico El País, con respecto a la revueltas en el mundo árabe, que los periodistas “las siguen como pueden, jadeando y a duras penas. El hecho de que haya tan pocos corresponsales y expertos de ese tipo es prueba de la indiferencia de Europa respecto a su patio de atrás. Seguramente hay más europeos especializados en la política de California que en la de Egipto, por no hablar de Túnez y Marruecos”.

Hay que cambiar eso. 

Los ingredientes de La Paella a fuego lento

Los astutos y divertidos creadores y colaboradores del blog La Paella Rusa se lanzaron ayer por la tarde al análisis de los resultados electorales del pasado 22 de mayo. El Salón de Grados de la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universitat de València fue el escenario para el debate, la reflexión y, sobre todo, el diálogo.

El tsunami azul que arrasó España fue el tema principal de esta jornada postelectoral. Desde las cinco hasta las nueve y media de la noche diferentes participantes arrojaban a un público bastante informado sus opiniones. Algunas de ellas recibidas con aplausos irónicos, como la formulada por la presidenta de las Nuevas Generaciones del PPCV, Verónica Marcos, cuando sin ningún pudor recalcó ese discurso tan trillado en sus filas: “No existe un Caso Gürtel en la Comunidad Valenciana”.

Es difícil realizar un análisis electoral amplio y coherente a tan pocos días de los resultados. Lo más complicado, quizá, es formar una fotografía social, un análisis sociológico del porqué del resultado, sobre todo en la Comunidad Valenciana donde el PPCV sigue arrasando pese a todos los casos abiertos por corrupción que permanecen en los juzgados.

Pero, no solo el PPCV tuvo que defenderse, sino que el PSPV sufrió lo suyo con un público dispuesto a sacar los colores a cualquier partido político. La crítica a una oposición débil, fragmentada en discursos incoherentes y demasiado cambiantes, fue asumida por los diversos representantes del partido socialista, como Santiago Vañó y Carlos González Triviño.

Arròs a Banda“, es decir, Quico Miralles, repartió a diestro y siniestro contando las verdades y, en muchas ocasiones, diciendo aquello que todos los presentes pensaban. Por ejemplo, dejo en el aire el qué hará Rita Barberá, “la alcaldesa más votada de España”, según Verónica Marcos, ahora que tiene una pluralidad mayor en el Ayuntamiento. O lo que es lo mismo, el peligro que supone para el PPCV la irrupción de Compromís con tres concejales en el Consistorio.

La identidad valenciana, el Cabanyal, el problema de Canal 9 (en el cual sorprendió que Santiago Vañó, del PSPV, dijera que “le dieran morcillas” [sic.], cuando es un ente público que pagamos todos) y las fallas fueron temas que caldearon el ambiente, pero de los cuales se dialogó de una manera magistral.

En representación del admirable Movimiento 15-M habló Pau Garrigós, periodista de Levante-EMV que ha estado siguiendo de cerca la creación y desarrollo de esta reivindicación de calle. Lo hizo bien, y sobre todo, dejo claro que es un movimiento apartidista que no se unirá ni se dejará llevar por ningún partido. Idea que dieron desde el público al comentar que estaría bien que #acampadavalencia se sentará con los partidos más afines a sus ideas. “Ese es el problema”, destacó Garrigós, “el pueblo puede crear y cambiar leyes sin necesidad de ubirse a un partido político”.

La sorpresa la dio Joan Ribó que apareció en la sala y se sentó entre el público, pero tanto Guillermo López como Andres Boix le hicieron subir a la mesa para hablar, dar la cara y sobre todo para darle la enhorabuena. El público le aplaudió.

Después de todo, varias cosas quedaron claras: el PPCV ha jugado en estas elecciones al “castigo a Zapatero”. El PSPV no ofrece una oposición fuerte y creíble para nadie, ni siquiera para ellos mismos. Y, por último, los ciudadanos cada vez se interesan menos por la política. En esta línea Frederic Ferri, periodista de Canal 9, contó una anécdota que divirtió a toda la sala:

“No he cubierto las elecciones este año porque tuve que estar en una mesa electoral en Paterna. Allí llegó una chica de 18 años que preguntó ‘¿Dónde estaba la papeleta para votar a rita Barberá?’ Le explicamos que ella tenía que votar a la alcaldía de Paterna y no de Valencia. Se fue muy enfadada y dijo que entonces no iba a votar a nadie! Qué ella quería a Rita!”

Aunque cabe destacar que Pere Fuset, de Compromís, lanzó una idea que cabe no olvidar:

“La juventud  pasa de la política tradicional, no de la política”.

Así, la chica de Paterna quedó en anécdota.

Evidentemente, este es solo un esbozo de lo que allí se vivió. Se grabó en video y en audio. Creo que se podrá ver íntegro a través del canal MediaUni, lo que no sé es cuando estará disponible…. ¡Os informaré!

Hablemos de periodismo de guerra

Hace unos días una de mis compañeras de carrera, que trabaja en nuestra adorada televisión pública, Canal 9, me comentó su sorpresa al analizar con detenimiento  imágenes de la agencia de noticias Reuters. El desastre de Japón era el protagonista de dichos recursos audiovisuales. Al parecer, el cámara grabó una panorámica sobre las consecuencias: casas derruidas, calles inundadas, coches amontonados por la fuerza del agua y algún que otro tejado superviviente de la pesadilla.

El profesional, tras la cámara, hacia un barrido de la zona sin percatarse de que en uno de esos techos, mantenidos en estructuras quebradizas, había un niño alzando la mano, pidiendo auxilio. Sin percatarse o haciendo caso omiso.

Aquí se abrió el debate periodístico entre mis otros compañeros. Entre el involucrarse o no cuando se está informando de alguna noticia que implique víctimas. Pero, sobre todo y más específicamente, el tema derivo a qué se debe hacer cuando esto ocurre en una guerra. ¿Cómo posicionarse?

Al respecto, Furio Colombo, prestigioso periodista y ensayista italiano, además metido a político, explicaba en su libro Últimas noticias sobre periodismo, “la inutilidad de un periodismo de guerra que se pretende impasible”, es decir, que busca la objetividad (que en muchos círculos periodísticos ya se ha recalcado que no existe), que busca, al fin y al cabo, el no involucrarse.

“Nunca más objetividad, porque aquí nada es lógico, nada responde al sentido común y nada es explicable a la luz de la razón. El único recorrido moral que redime el oficio es el de estar al lado de las víctimas y testimoniar las matanzas. Para este oficio hay solo dos tipos de professionals: el periodista y el voluntario, ambos sin bandera.”

Y es que como dice Ramón Lobo en su blog Aguas Internacionales:

“La objetividad es para aquellos que no pisan el terreno, que no se manchan los zapatos, para los militares que acuden a Afganistán y nunca son atacados porque viven en la retaguardia. Las grandes decisiones no se toman con las opiniones de primera linea, sino con las personas que piensan igual que quien decide con un mando a distancia. La guerra no es un espectáculo, es solo un gran negocio. Unos la dirigen, y ganan aunque pierdan; otros pierden siempre, son los civiles y, a menudo, los soldados.”

Sin embargo, es cierto que algunos periodistas se mimetizan tanto con el problema que están cubriendo (sean guerrars, desastres o revoluciones) que pierden parte de la calidad informativa; o quizá es eso lo que pensamos y, realmente, Rosa María Molló (corresponsal de TVE) cuando conectó para contar lo ocurrido en Egipto contra Mubarak solo hiciera que reflejar en sí misma el sentir popular. ¿Mal hecho? Yo no lo veo tan mal.

Eso sí, el de Rosa Molló no tiene ni punto de comparación con otros casos. Como, por ejemplo, ¿debe un periodista grabar sin cesar y sin actuar en casos como los siguientes?

Y en relación a este último, ¿Quién no recuerda las imágenes de Rami Aldura (pese a que en las imágenes aparece como Muhammad)? Un niño palestino de 12 años, muriendo en los brazos de su padre al ser alcanzado por una bala durante un tiroteo en Gaza. ¿Qué haría el reportero tras captar la secuencia? ¿Qué debería hacer?

En mi opinión, pese a periodistas, somos seres humanos. Aunque la guerra te haga más crudo y endurezca, no creo que el periodista deba cumplir con la línea de sus compañeros de las redacciones centrales, que tal como apunta Colombo, “pretenden mantener en sus límites la tragedia, de manera que no muestre su naturaleza profundamente monstruosa, en tanto que potencialmente limitada”.

Al final los que se juegan la vida para mostrar la información son estos reporteros. Tienen, entonces, derecho a involucrarse, aunque sea lo más mínimo. ¿No creéis? Y es que de nuevo Colombo señala con precisión:

“Nada es objetivo en Ruanda, en Somalia, en Bosnia, en Chechenia. Solo se puede tomar partido en favor de las víctimas.”