Experiencia Pony Bravo

L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Sala 1 de la discoteca Salamadra. 01:00 de la madrugada de un viernes. Empieza la psicodelia.

Los feligreses se amontonan, sudan y beben cerveza. El cuarteto ha llegado cabalgando desde Sevilla para demostrar que aquellos que profesan su credo no están equivocados. Su música pronto impregna al público que mueve su cuerpo como poseído. Venían a por su gramo de fe y se fueron satisfechos. Sigue leyendo

Sunday Photo: Excessive use of force by police in Valencia

Si esto es lo que ocurre cuando los ciudadanos se manifiestan pacíficamente en la calle, no estamos en una democracia. Valencia necesita un gran cambio.

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If this is what happens when people demonstrate peacefully in the street, we are not in a democracy. Valencia needs a big change.

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Rat Pack: blues y espectáculo

Porque los domingos son días para la distensión y diversión, nunca viene mal un poco de cultura unida a la buena música:

La música de los años cincuenta- sesenta siempre da para muchas historias. Un momento en el que las mejores voces se entremezclaban con el alcohol, las noches de fiesta y el espectáculo.

Como ejemplo de ello que mejor que recordar a los componentes del Rat Pack, una pandilla de ratas que creo un auténtico blues nightshow.

Al rededor de Frank Sinatra, Sammy Davis Jr., Dean Martin y Johnny Carson, principalmente,  daban lo mejor de sí mismos y mostraban una capacidad única para la mezcla del humor y la buena música.

Este grupo fue creado, en los cincuenta, por Humphrey Bogart y fue Sinatra el que lo continúo con nuevos miembros durante muchos años después.

Disfrutad!

Gràcies Winston. 

Valencia. Problemas de identidad

Hace unos días tuve una conversación con un amigo. La charla surgió a raíz de la pasada manifestación en Valencia, que se convocó por la libertad de expresión y  la reivindicación del 25 d’abril.

En primer lugar, él me preguntó sobre el porqué de la manifestación. Se cuestionaba que si la manifestación era por la lengua “¿valenciana o catalana?” y añadía: “porque luchar por  lo de tv3 me parece bien, pero el resto no lo entiendo”.  Más avanzada la conversación reflexionó: “Pero, en Cataluña tampoco se ve canal 9 ¿no?” y “me molesta mucho que den un avance de noticias hablando dels Països catalans y muestren un mapa englobando Aragón y la Comunitat en esos països”.  Además dijo: “¿Por qué un cantante catalán para reclamar la llengua en Valencia? ¿No tenemos cantantes valencianos que puedan hacerlo? Para mí que todo fué un movimiento catalanista más. Si estamos pidiendo la libertad de expresión para Valencia y los valencianos, las banderas catalanas aquí no pintan nada”.

Con él ya lo he hablado, pero creo necesario un post explicando todo esto (dentro de mis capacidades y sobre todo porqué no me gusta que los jóvenes tengan estas inquietudes tan negativas, a mi parecer). El tema es algo que esta en la mente de muchos jóvenes, que se preguntan lo mismo,  y que se respira en la sociedad valenciana desde hace años.

Expertos en el tema y grandes conocidos de la literatura han reflexiondo sobre el problema valenciano. Joan Fuster es uno de los que más claro dejó el problema de nosaltres els valencians. Por su parte, Enric Larreula escribió, con gran carga empírica, sobre el dolor de llengua, la pérdida progresiva del idioma propio, absorbido por otro con mayor poder: el catalán por el castellano, en este caso. La sustitución lingüística. Por cierto, un libro 100% recomendable para aquellos que quieran entender este idioma y a sus gentes.

Bueno,  en el I Cogreso de Periodistes i Periodismes Valencians en Democràcia, que se celebró en la Universitat de València, Maria Consuelo Reyna, afirmó que:

“La Batalla de Valencia era algo olvidado y que los jóvenes habían aceptado muy bien sus símbolos como propios, sin problemas. Que ya no existían los debates sobre la identidad”.

Falso. Eso pienso yo, vamos. Y no solo yo, sino que lo corrobora el catedrático de Periodismo de la Universitat de València,  Josep Lluís Gómez Mompart, que afirma:

“Les qüestions identitàries derivades de la ‘Batalla de València’ encara s’arrosseguen hui, i els ‘blaveros‘ (destapats o encoberts) encara les fan servir com armes contra els valencianistes.” [“Las cuestiones identitarias derivadas de la ‘Batalla de Valencia’ aún se arrastran hoy, y los ‘blaveros’ (destapados o encubiertos) aún las utilizan como armas contra los valencianistas”]

En primer lugar, sigue existiendo gente, como mi amigo, que muestra un odio excesivo a lo relacionado con Cataluña, al creer que intentan “absorbernos” en sus països catalans.

Por otra parte, los valencianos están divididos, no en el sentido literal de la palabra, pero sí ideológicamente. Existen aquellos que denominan estos territorios como Comunitat Valenciana y los que dicen País Valencià.

Por si fuera poco, la denominación de la lengua valenciana también es un problema que sigue presente actualmente. ¿Es valenciano o catalán? ¿Son la misma lengua? A todos los que tengan dudas sobre ello les recomiendo el libro El català a travès del temps de Lluís López del Castillo, que explica detalladamente el surgimiento de esta bonita lengua romance.

El Gobierno valenciano no ayuda a que esta situación mejore; ya que desde su posición privilegiada de agitador social arenga continuamente a aquellos, que como ellos mismos, odian lo catalán. Se jactan de tener una lengua propia, que nunca utilizan, y una cultura única, que hunden. Así, acaban destrozando una História valenciana y apartando de la vida pública a los que no comparten sus ideas más rancias.

Ah! como apunte, la manifestación se celebró por:

*La liberad de expresión (es decir que puedas expresar tus pensamientos, ideas y gustos sin problemas).

*Contra el cierre de TV3, considerada ilegal aquí, simplemente por no estar en sintonía con el gobierno valenciano y, sobre todo, porque llega desde Catalunya.

*Por la lengua. Por la defensa i la importancia de nuestra lengua frente al castellano. De la lengua, tanto valenciana como catalana. Científicamente son la misma lengua solo que con variantes. Por tanto, que esto sea reconocido y se deje a un lado el valencianismo rancio, es decir, el blaverismo.

*El cantante catalán del que mi amigo habló era Lluís Llach. Vino él y no otro por su vinculación en la lucha por la libertad de expresión, porque se hablaba de TV3 (que es catalana) y porque tiene una estrecha relación con Acció Cultural del País valencià (una de las asociaciones que organizó la manifestación). Lo más importante no es que viniera a cantar Lluís Llach, sino dónde lo hizo: subido a un camión, puesto que el Gobierno valenciano no le permitió tocar en ningún sitio. Un poco radicales. ¡Ni qué estuviéramos en el Franquismo! (momento, por cierto, en el que Lluís Llach luchó por Cataluña y por el País Valencià con su música).

*Y, por último, fue una manifestación en la que también se reivindicó (para que no se olvide. Un acto de memoria) el 25 d’abril. El día de la Batalla d’Almanssa en Valencia, en el que la ciudad perdió su independencia y sus leyes forales. Momento en el que el castellano llegó a Valencia destrozando un poco más la lengua de aquí y el reino de Valencia perdió el poder que tenía.

Un vídeo que explica todo esto, emitido un tiempo después de la publicación de este post en TV3:

http://www.tv3.cat/videos/3497910

Hablemos de periodismo de guerra

Hace unos días una de mis compañeras de carrera, que trabaja en nuestra adorada televisión pública, Canal 9, me comentó su sorpresa al analizar con detenimiento  imágenes de la agencia de noticias Reuters. El desastre de Japón era el protagonista de dichos recursos audiovisuales. Al parecer, el cámara grabó una panorámica sobre las consecuencias: casas derruidas, calles inundadas, coches amontonados por la fuerza del agua y algún que otro tejado superviviente de la pesadilla.

El profesional, tras la cámara, hacia un barrido de la zona sin percatarse de que en uno de esos techos, mantenidos en estructuras quebradizas, había un niño alzando la mano, pidiendo auxilio. Sin percatarse o haciendo caso omiso.

Aquí se abrió el debate periodístico entre mis otros compañeros. Entre el involucrarse o no cuando se está informando de alguna noticia que implique víctimas. Pero, sobre todo y más específicamente, el tema derivo a qué se debe hacer cuando esto ocurre en una guerra. ¿Cómo posicionarse?

Al respecto, Furio Colombo, prestigioso periodista y ensayista italiano, además metido a político, explicaba en su libro Últimas noticias sobre periodismo, “la inutilidad de un periodismo de guerra que se pretende impasible”, es decir, que busca la objetividad (que en muchos círculos periodísticos ya se ha recalcado que no existe), que busca, al fin y al cabo, el no involucrarse.

“Nunca más objetividad, porque aquí nada es lógico, nada responde al sentido común y nada es explicable a la luz de la razón. El único recorrido moral que redime el oficio es el de estar al lado de las víctimas y testimoniar las matanzas. Para este oficio hay solo dos tipos de professionals: el periodista y el voluntario, ambos sin bandera.”

Y es que como dice Ramón Lobo en su blog Aguas Internacionales:

“La objetividad es para aquellos que no pisan el terreno, que no se manchan los zapatos, para los militares que acuden a Afganistán y nunca son atacados porque viven en la retaguardia. Las grandes decisiones no se toman con las opiniones de primera linea, sino con las personas que piensan igual que quien decide con un mando a distancia. La guerra no es un espectáculo, es solo un gran negocio. Unos la dirigen, y ganan aunque pierdan; otros pierden siempre, son los civiles y, a menudo, los soldados.”

Sin embargo, es cierto que algunos periodistas se mimetizan tanto con el problema que están cubriendo (sean guerrars, desastres o revoluciones) que pierden parte de la calidad informativa; o quizá es eso lo que pensamos y, realmente, Rosa María Molló (corresponsal de TVE) cuando conectó para contar lo ocurrido en Egipto contra Mubarak solo hiciera que reflejar en sí misma el sentir popular. ¿Mal hecho? Yo no lo veo tan mal.

Eso sí, el de Rosa Molló no tiene ni punto de comparación con otros casos. Como, por ejemplo, ¿debe un periodista grabar sin cesar y sin actuar en casos como los siguientes?

Y en relación a este último, ¿Quién no recuerda las imágenes de Rami Aldura (pese a que en las imágenes aparece como Muhammad)? Un niño palestino de 12 años, muriendo en los brazos de su padre al ser alcanzado por una bala durante un tiroteo en Gaza. ¿Qué haría el reportero tras captar la secuencia? ¿Qué debería hacer?

En mi opinión, pese a periodistas, somos seres humanos. Aunque la guerra te haga más crudo y endurezca, no creo que el periodista deba cumplir con la línea de sus compañeros de las redacciones centrales, que tal como apunta Colombo, “pretenden mantener en sus límites la tragedia, de manera que no muestre su naturaleza profundamente monstruosa, en tanto que potencialmente limitada”.

Al final los que se juegan la vida para mostrar la información son estos reporteros. Tienen, entonces, derecho a involucrarse, aunque sea lo más mínimo. ¿No creéis? Y es que de nuevo Colombo señala con precisión:

“Nada es objetivo en Ruanda, en Somalia, en Bosnia, en Chechenia. Solo se puede tomar partido en favor de las víctimas.”

Crear un programa de radio

La tarea de poner una radio en marcha es ardua. Difiero así de algunos profesionales que hoy han participado en el Congreso “Perdiodistes i periodismes valencians en democràcia” (que se está celebrando esta semana en la Universitat de València), que afirmaban que “no hay nada más fácil que poner una radio en marcha. Licencia y a emitir”. Bueno, no es oro todo lo que reluce. Si bien es cierto, la radio es uno de los medios más cercanos y que quizá menos laboriosos sea.

Actualmente, estoy trabajando para la radio (aún por crear) de la Universitat de València. Sí. La Universitat no tenía una radio propia todavía (y eso que la carrera de periodismo cumple este año una décadas en las instalaciones de la universidad pública de Valencia). Así,  un equipo de buenos técnicos y algún que otro periodista, entre los que me encuentro, estamos intentado emitir a través de Internet. Con todo lo necesario en regla y con un apoyo total por parte de la institución.

En  primer lugar, no solo hay que tener en cuenta los aspectos técnicos, sino también los vericuetos legales. Por ejemplo, la música que se va a utilizar.  Deberemos pagar derechos de autor o, por el contrario, nutrirnos de aquellos grupos que ofrecen a través de la red su obra gratuitamente. Por el momento, ya he establecido contacto con algunas bandas que me han dicho que no hay ningún problema en que utilice su música. Eso sí, nombrándoles. Otro de mis compañeros también está dialogando con los servicios legales de la Universitat para ver que más podemos hacer.

En segundo lugar, es necesario tener temas de nevera. Temas ya creados que nos permitan rellenar algunos huecos de emisión, sobre todo, en los comienzos, cuando el equipo aún no está forjado. Así, que vamos haciendo pequeños reportajes y cubriendo eventos.  ¿El problema? Hay que crear contenido de emisión directa como sea. Pero, no cualquier contenido, sino uno que favorezca una emisión fluida, diversa e interesante.

Y aquí viene el asunto, ahora estoy embarcada en crear un programa radiofónico original; dentro de lo que las radios y televisiones universitarias nos tienen acostumbrados. Para ello, y con el fin de sembrar ideas en mi cabeza, un buen compañero me ha enviado diversos proyectos de radio o televisión que rompen con lo tradicional.  Él, pese a que estudió la carrera de Música, es un gran experto en sociología y le agradezco su aportación. Y es que la clave es una buena idea y la inspiración es fundamental.

De entre todo, esta propuesta me atrae mucho. Pese a ser de televisión creo podría adecuarse a la radio. Es un formato de la plataforma audiovisual en Internet www.literalia.tv.El programa se llama “En Jaque”. El argumento, dos invitados se entrevistan de manera coloquial a ellos mismos. Por su puesto, dos invitados que se conocen con anterioridad o que tienen algún aspecto común tanto laboral, como de intereses. Se me ocurriría ir agrupando,por parejas, a los diferentes profesores o catedráticos de la universidad. No sé que saldría de ellos, quizá fuera divertido e interesante.

El amigo del que os hablo también me pone como ejemplo “Tiempo de Juego“, el antiguo “El Carrusel“, trasladado de la Cadena Ser a la Cope por divergencias entre su director Paco González y la cadena. Tengo que confesar que los programas deportivos no suelen atraerme, pero es cierto que este equipo de profesionales saben como enganchar, incluso a mí. No es sólo deporte o retransmisiones, hacen sentir al oyente como dentro de un grupo de amigos que bromean, comentan e informan. Pero, no sé como funcionaría algo así dentro de un programa universitario. Además, en mi opinión es una fórmula muy desgastada ya.

Sin embargo, y pese a todas las ideas que se me han ofrecido, creo que  la creatividad propia es esencial. Eso sí, si se os ocurre algo… ¡hacédmelo saber! 😉