La palabra es prohibición. Apuntes sobre Egipto

*Aquí unas notas sobre las informaciones que he podido ir recogiendo después de mis días en Egipto. Para nada son palabras expertas, queda dicho.
Egipto© EFE

(1) Las proclamas que se escuchaban en la Plaza Tahrir aquel 30 de junio: el Ejército y el pueblo unidos, están diluyéndose en las calles, hastiadas por un largo anhelo de democracia elegida por y para Egipto. Afligidas por prohibiciones que no dejan de aumentar el conflicto.

(2) Lo que parece, a primera vista, es que las calles están divididas entre aquellas personas que defienden el gobierno de Al Sisi, las que se enfrentan a la idea de unos Hermanos Musulmanes ‘terroristas’ y las personas que defienden la llamada Tercera Vía, todavía sin un plan político claro para el país pese a aglutinar a diferentes grupos políticos bajo una idea clara: ni régimen militar, ni Hermanos Musulmanes en el Gobierno.

(3) El gobierno, por su parte, responde a esta división a través de la represión, como ejemplo se podrían nombras las últimas prohibiciones sobre símbolos y manifestaciones de los Hermanos Musulmanes, entre otras.

(4) Activistas que apoyaron el alzamiento militar se sienten ahora muy lejos de las posturas del gobierno interino. Tanto, que ahora son perseguidos.

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Partim cap altra direcció

Estoy en un momento complicado, por ello llevo tanto tiempo sin publicar. Me marcho de mi ciudad. Supuestamente por un año, pero en mi mente el tiempo es indefinido. Así que no sé cuando volveré. Aquí, en Valencia, es complicado seguir. Quizás sea la canción de Obrint Pas que enlazo a continuación la que mejor refleje mi estado de ánimo:

 

Aquí la letra:

Si ara me’n vaig segur que es fa llarga la tornada
me’n vaig sols amb el bitllet d’anada
estic segur de com vull començar el viatge
m’hauré de desprendre de quasi tot l’equipatge
tot allò que em sobra, tot allò que em pesa
tot allò que no cap dins d’una maleta
tot allò que em fa fàstic de València,
l’odi del poder i la seua violència.

Però no em sobra el teu amor, el teu humor, eixe bon record
que m’ajuda a no perdre el nord
no saps l’esforç que em costa deixar aquesta terra
creuaré volant mil i un països en guerra
miraré, buscaré, em perdré però caminaré
He lligat una corda del meu cor al punt d’origen
així quan em trobe lluny no sentiré el vertigen.

Perdut als carrers del món
em guiarà la lluna quan s’amague el sol
perdut als carrers del món
hi ha dies per quedar-se a mirar hi ha dies en què tot es fa fosc
Perdut als carrers del món
mire per la finestra i la vida es fon amb la mort
perdut als carrers del món
batalles perdudes, llengües mortes, monuments als vencedors.

Si ara me’n vaig no contes el temps fins que jo torne
no sé quan però ens tornarem a vore
vull canviar de ruta vull buscar un nou ancoratge
córrer com una fera que es confon amb el paisatge
llençaré la roba, cremaré tota disfressa
dins de la motxilla la teua tendresa
un nou tatuatge i un punt d’incertesa
una nova aventura, un nou camí, una nova conquesta.

I si ara em falta el teu amor, el teu humor, eixe bon record
que m’ajudava a no perdre el nord
recorda que hi ha qui sura i ha qui s’ofega
i qui pensa que el seu melic és el centre de la terra
miraré, buscaré i tornaré i ja no em perdré
He vingut per quedar-me i encara hi ha qui m’espera
carregat amb l’experiència i mil nits de carretera

Perdut als carrers del món
em guiarà la lluna quan ja s’amague el sol
perdut als carrers del món
hi ha dies que són per mirar hi ha dies en què tot es fosc
Perdut als carrers del món
mire per la finestra i la vida es fon amb la mort
perdut als carrers del món
batalles perdudes, llengües mortes, monuments als vencedors

 

 

 

Oporto: aroma a lo pasado

La ciudad de Oporto tiene un toque añejo especial. Sus tortuosas calles y sus recovecos, solo descubiertos tras mucho callejear, imprimen un aire de antiguo, olvidado y mágico. Sus habitantes siguen comprando en los mercados tradicionales en los que las vendedoras vocean sus ofertas diarias, como el Mercado do Bolhaô, que mantiene una esencia de aquello que fue.

Una ciudad marinera que vive para su río, el Duero, y para su vino, el vino Do Porto. Un caldo fuerte y dulzón resultado de la mezcla del líquido de la uva con aguardiente. Un invento inglés para mantener el vino cuando lo transportaban de Portugal a Inglaterra, y que los portuenses adoptaron para mantener ese gusto único.

La lluvia de diciembre puede deslucir esta ciudad del norte de Portugal, pero sus casas de pintura desconchada y casi en ruinas hacen que ir allí en cualquier época del año valga la pena. Y es que, incluso cruzar sus peculiares puentes, varios de ellos construidos bajo las ideas del mismísimo Gustave Eiffel, impresiona. Por supuesto, otros detalles como el poseer la librería más bonita del mundo, la Librería Lello, la hacen aún más impresionante, si cabe.

Lo más curioso es la división de Porto (como la conocen allí) en dos ciudades totalmente distintas por el cauce fluvial; Oporto y Vila Nova de Gaia. En esta última se amontonan en sus calles adoquinadas todos los almacenes de vino y las bodegas más reputadas como Taylor’s, Offley, Sandeman, etc. Un recorrido excitante para los amantes del vino y su historia.

Sin embargo, yo soy de esas personas que defiende que hacer turismo requiere sumergirse de lleno en la gastronomía del lugar visitado.  Y en Oporto es todo un placer. Bacalao, lubina, carnes diversas y mucho dulce se mezclan en tabernas tradicionales que parecen no haber cambiado en años. Incluso los camareros guardan un aspecto y una gracia que recuerda a tiempos pasados. Genial. Eso sí, probar su plato típico, la Francesinha, requiere de tiempo y esfuerzo; sobre todo de un proceso de digestión largo y pausado.

Los tripeiros, como se les conoce por otro de sus platos típicos (las tripas de cordero en una especie de potaje) suelen asegurar que “mientras Oporto trabaja, Lisboa presume”, pero, en mi opinión, esta ciudad seguro que no tiene nada que envidiar a su capital.

Qué difícil es no querer viajar tras ver estos lugares.